Una pandemia de hace dos siglos

Las noticias llegaron a San Salvador en julio de 1832. El “cólera morbus asiático que ha causado estragos en Europa” se hallaba en Martinica, cada vez más cerca de Centroamérica. El presidente Francisco Morazán ordenó de inmediato a todos los gobiernos estatales que tomaran las medidas necesarias para proteger a la población del joven país. Iba a ser una campaña desigual. Se trataba de una enfermedad de la que se tenía conocimiento limitado. El número de médicos era escaso y se concentraba en la ciudad de Guatemala.

La población se hallaba dispersa en pueblos y comunidades rurales. Cerca de 900 mil personas eran indígenas. Poco más de 400 mil eran consideradas “castas”, mestizas con algún ancestro africano. Solo 250 mil se consideraban “gente de razón”, es decir, de ascendencia española. Incluso en este grupo, la mayoría era pobre. Se trataba, pues, de población muy vulnerable. Ese panorama ocasionaba que la hacienda pública nacional también fuera pobre. Para colmo, los gobiernos estatales disputaban recursos a la federación.

Sí, Mariano Gálvez es el célebre Dr. Gálvez del metrobús de la Ciudad de México

El doctor Gálvez, jefe del estado de Guatemala, ordenó campañas de limpieza de calles, plazas y lugares públicos. Las medidas de higiene para la ciudadanía iban acompañadas de multas desde medio peso hasta veinticinco pesos y prisión de una noche.

En realidad, ni Gálvez ni otros médicos destacados de Guatemala sabían cómo se propagaba la enfermedad, de modo que recurrieron a la experiencia que tenían en el combate de otras pestes.

El doctor Pedro Molina publicó entonces una instrucción para prevenir la enfermedad, por órdenes de Morazán. El médico guatemalteco recomendaba medidas higiénicas, ejercicio y medicamentos simples: aguardiente, alcanfor, picantes. Según sus referencias, el “cólera ni es contagioso ni tan maligno y obstinado”.

Creer que era una enfermedad altamente contagiosa y mortal, aseguraba, ocasionaba angustia y terror, con lo que se agravaba la situación de la gente enferma. La enfermedad debía combatirse con “felicidad”.

No tenían ni idea de qué hacer.

Cada vez llegaban más noticias de los daños y muertes ocasionados por la epidemia en lugares cercanos. En 1833, Chiapas y Belice padecían, lo mismo que los otros estados de la federación centroamericana.

Mariano Gálvez decretó entonces un cordón sanitario. Las personas que querían entrar a Guatemala debían permanecer aisladas durante cuarenta días. Luego, podían pasar. Con Belice se cerró la fontera. Las autoridades arguyeron que allí había más casos, aunque en realidad no parece que la situación de esa colonia fuera más grave que otras. En realidad, los escasos vínculos de las comunidades con Belice permitieron esa medida, algo que no se podía hacer en otras fronteras.  Se extrañarían los productos importados desde esa colonia británica, pero era una buena oportunidad también para proteger a los artesanos guatemaltecos, quienes no podían competir con las baratas telas inglesas.

Había otro motivo para cerrar la frontera con Belice. Las primeras noticias de la enfermedad en el Caribe se referían a las posesiones francesas e inglesas, lo mismo que a Haití y Cuba. Allí, la gente pobre fue la que más padeció la epidemia. Se trataba de la población afrodescendiente. Por eso, en Guatemala se empezó a divulgar en varios niveles, desde las oficinas de la casa de gobierno hasta las comunidades de Quetzaltenango y Suchitepéquez, que el cólera era una enfermedad de negros.

Como señalé, el número de castas era alto en Centroamérica, de modo que no es de extrañar que aparecieran manifestaciones violentas en contra de personas afrodescendientes o que se les mantuviera aisladas.

La Academia de Ciencias, recién fundada, nombró una comisión para evaluar la enfermedad, una peste que mataba menos gente que las viruelas, pero que era desconocida y no se tenía idea de cómo combatirla. Para empezar, tradujo algunas obras sobre la enfermedad, como la de Alexandre Moreau de Jonnès y Jean-Baptiste Bouillaud. El primero aseguraba que el cólera se contagiaba persona a persona, mientras que el segundo lo negaba, aunque no explicaba cómo se transmitía el “germen especial de principio sui géneris”, como llamaba a lo que hoy conocemos como al bacilo Vibrio cholerae.

El cordón sanitario funcionó. Milagrosamente, Guatemala no tuvo casos de cólera en la mayor parte de 1834, mientras que los demás estados centroamericanos (incluido Chiapas) padecían misería y muerte.

El problema para el gobernador era la incapacidad de mantener las guardias militares en las fronteras y las cuarentenas en los puertos. Las guarniciones costaban mucho dinero, y los recursos no entraban al erario estatal en buena medida por la interrupción del comercio con el exterior.

En el verano de 1834, Gálvez escribió a los gobernadores de San Salvador, Honduras, Belice y Chiapas para preguntar por el desarrollo de la enfermedad. De todos lados, las respuestas fueron parecidas. La mayoría aseguraba que el terror permanecía. Unas cuantas eran más optimistas. Entonces, Gálvez se presentó en la asamblea para presentar esa correspondencia, aunque actuó de modo criminal: solo leyó aquellas notificaciones en las que se aseguraba que la enfermedad remitía, como la del gobernador de Chiapas. Levantó el cordón sanitario para beneficio de la economía estatal, pero con los anhelados recursos, llegó también la epidemia. En septiembre, la propagación fue incontrolable.

Las comunidades indígenas fueron las principales afectadas, pero también la gente pobre de las ciudades. De nada sirvieron las comisiones de asistencia. Tras el cólera, otras enfermedades reaparecieron. Desde Maratenango se aseguraba que la nueva epidemia había ocasionado que “las autoridades locales descuidasen la vacunación”.

Viruelas, cólera, pobreza y muerte. La situación no duró mucho. Desde la montaña, las comunidades indígenas acusaron al gobierno liberal de envenenar las aguas para destruir los pueblos y apropiarse de las tierras. Algunos políticos, como el doctor Pedro Barrundia, apoyaron increiblemente esa hipótesis. La iglesia se sumó, con lo que vengaba viejos agravios. Cuando apareció un líder indígena capaz de encausar el descontento, Rafael Carrera, la federación centroamericana se vino abajo y el gobierno liberal de Gálvez dejó el paso a una dictadura conservadora.

El cólera no solo tuvo efectos económicos, sociales y demográficos, también hizo fracasar a un país que una vez existió, la república centroamericana, que hoy ya no existe.

Centroamérica en vísperas de la independencia, mapa en la Biblioteca del Congreso de EUA en http://hdl.loc.gov/loc.gmd/g4800.ma001006

1 thought on “Una pandemia de hace dos siglos

  1. Alfredo, es muy bueno e iluminador. QKita

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