Las imágenes de Bucha

Las imágenes de Bucha parten el corazón. Están en todos los periódicos de hoy. Hace más de un mes, el gobierno de Vladímir Putin invadió Ucrania. Desde ese momento, la condena ha sido casi unánime. Casi. Nunca falta quien argumente que hay razones para la guerra.

No creo que las guerras se justifiquen. Nunca. En la Baja Edad Media, los teólogos europeos elaboraron complejos argumentos para tener su conciencia tranquila en la guerra contra los infieles —y después en contra de los pueblos americanos. En el siglo XX, algunas potencias aseguraban que intervenían militarmente en otros países para llevarles libertad, otras decían hacerlo para construir un mundo igualitario, con justicia social. El nacionalismo también ha sido una excusa para anexarse territorios, sea en los Sudetes o en Crimea.

La mayoría de las veces, ya lo sabemos, las guerras solo buscan los beneficios de los poderosos. Los argumentos nacionalistas, religiosos o de cualquier otro tipo pretenden convencer a la gente de que bien vale la pena enviar a miles de jóvenes a matar e infligir sufrimiento —y a sufrir y ser matados.

El joven poeta Wilfred Owen, quien murió en el frente de batalla en la Primera Guerra Mundial, dejó versos desgarradores acerca de los compañeros muertos, sobre el dolor del soldado amigo al ser herido por la metralla, sobre la sangre, las lágrimas, las mutilaciones. “Si vieras eso” —concluía— “dejarías de repetir la vieja mentira: dulce et decorum est pro patria mori“.

Gernika (Guernica), 1937.

Las imágenes de Bucha recuerdan que la guerra no es heroica, como antes lo mostraron los videos de soldados estadounidenses torturando a sus cautivos en Guantánamo o las fotografías de los mercenarios rusos en Malí disparando a la población civil. Los halcones del Pentágono justificarían las torturas. Eran necesarias, dijeron. En Bucha, el gobierno ruso simplemente ha negado su responsabilidad. No fuimos nosotros, advierten. Susan Sontag nos recuerda que, tras el bombardeo de Guernica llevado a cabo por las aviaciones alemana e italiana en apoyo a los militares que se sublevaron contra el gobierno español, Francisco Franco acusó a los propios vascos de haber destruido esa villa y causado la matanza.

En Regardind the Pain of Others, la misma Sontag se refiere a los comentarios de Virginia Woolf sobre las imágenes de las masacres de los sublevados franquistas. Esas imágenes las enviaba el gobierno español para conseguir que otros países condenaran la insurrección militar. ¿Cuál es la reacción que tenemos al ver las imágenes de Bucha? ¿Nos hacen desear que se acabe la guerra o que la guerra continúe hasta destruir al agresor, al causante de esos crímenes?

Las imágenes de Bucha me hacen pensar en otras, como las que exhiben el dolor de la gente en Palestina tras los constantes ataques del ejército israelí, en Siria, en el sudeste asiático, en Sudán y en México, este país que no está en guerra pero en el que el sufrimiento, el dolor y la muerte nos acompañan con la complacencia de quienes deberían proporcionarnos seguridad.

Entre 1810 y 1815, Francisco de Goya realizó una serie de grabados sobre la guerra. Son los mismos años en los que se peleaba contra el imperio francés en España. Esa guerra, la guerra de independencia, fue pródiga en relatos de hazañas y proezas patrióticas, pero allí estaba Goya para recordar que la guerra no es heroica, sino solo muerte, desastre y dolor.

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